El triunfo de la voluntad. Perfecta coreografía
Leni Riefenstahl comenzó su carrera artística interesándose por la danza a temprana edad y creo que esta formación se ve reflejada en el documental El triunfo de la voluntad. Los que hemos tenido la oportunidad de ver el, tal vez, documental propagandístico por excelencia, observamos como, durante todo el recorrido que hace Riefenstahl durante el desarrollo del congreso del Partido Nacionalsocialista en 1934 en Nuremberg, hay una total armonía y coherencia entre la cámara y los elementos que componen la imagen.
En El triunfo de la voluntad no sobra ni falta ningún elemento, pues todos están dispuestos allí para cumplir su función. De hecho sabemos que este documental, encargado por Hitler, es un montaje coordinado por el, y llevado a cabo por Riefenstahl y el arquitecto del Fürer Albert Speer. Riefenstahl lleva el montaje a una gran coreografía llena de movimientos exactos y coordinados que ayudan a reforzar la idea de un régimen perfecto que sabe exactamente lo que está haciendo y hacia donde se dirige.
En este momento pregunto ¿Qué elementos debe tener una buena coreografía?, para mi la respuesta radica en varios aspectos. El primero es la creatividad, pues una buena coreografía no se limita a una sucesión de pasos, sino a tratar de llevar esta sucesión a otro nivel, en el que el espectador sienta impresionado por lo que ve. Por otro lado, la coordinación e igualdad milimétrica, el vestuario, la escenografía, el uso de elementos adicionales, además de los intérpretes y la música, son la parte fundamental de la puesta coreográfica.
El triunfo de la voluntad tiene todos estos elementos llevados a su máxima expresión. En primer lugar el filme logra que toda persona que lo vea quede, por lo menos, absorta por un momento en la grandeza de las imágenes y en lo que sucede. En cuanto a los movimientos milimétricos, creo que es lo menos que se le puede pedir a un documental basado en la fuerza militar. El resto de los elementos están dispuestos en una gran escenografía puesta por Speer, que logra realzar la ostentación y magnificencia que Hitler pretende mostrar.
En conclusión, Riensfestahl logra una coreografía magnífica, suntuosa y espectacular que atrapa al espectador y lo envuelve en un sentimiento de inferioridad con respecto a la espectacularidad, no solo de las imágenes, sino del régimen, de ahí su éxito propagandístico.